Inés Fernández, directora de la planta de L’Oréal en Burgos, explica desde el espacio Burgos Corazón Industrial cómo una fábrica con más de 55 años de historia se ha convertido en una de las diez más grandes del líder mundial de la cosmética: 36 plantas en el mundo, exportación a más de 50 países, energía 100% renovable y el primer sistema de reciclaje de agua industrial de todo el grupo.
Desde el espacio Burgos Corazón Industrial, ubicado en la primera planta del Forum Evolución Burgos e impulsado por el Ayuntamiento de Burgos, seguimos acercándonos a quienes lideran el tejido industrial de Burgos y explican, desde dentro, por qué la ciudad funciona. En esta ocasión el turno es para una multinacional que podría fabricar en cualquier lugar del planeta y que, décadas después, sigue eligiendo Burgos.
«Desde Burgos exportamos a más de 50 países y desarrollamos gran parte de los productos de toda la división»
El origen de L’Oréal en Burgos se remonta a finales de los años 90, cuando el grupo francés compra una fábrica que llevaba ya décadas en funcionamiento: una planta levantada por una familia de origen francés y español para producir Vichy en España. Hoy esas instalaciones acumulan más de 55 años de historia industrial en la ciudad.
La decisión estratégica llegó con la compra: L’Oréal transformó la planta en una fábrica internacional de productos capilares dedicada a la división profesional, es decir, a los productos que utilizan los peluqueros de todo el mundo. Desde entonces, la fábrica burgalesa exporta a más de 50 países y concentra un alto porcentaje de la producción mundial de esa división. Marcas de referencia del haircare premium como Kérastase se fabrican en Burgos para todo el planeta.
En los años 2000 llegó un segundo hito decisivo: la creación de la central de distribución internacional. «Hoy L’Oréal en Burgos no solo es una fábrica, sino que tenemos también toda la logística asociada para dar servicio a todos los países del mundo», explica Inés Fernández. De las 36 fábricas que el grupo tiene repartidas por el mundo, la de Burgos se sitúa en el top 10 por actividad.
«Fuimos los primeros del grupo en el mundo en cerrar el ciclo del agua»
La planta de Burgos fue la primera fábrica de L’Oréal en el mundo capaz de reciclar y reutilizar el agua empleada en su proceso industrial, gracias al sistema Waterloop implantado en 2017. Aquel proyecto pionero dejó de ser una excepción para convertirse en estándar: dentro del programa L’Oréal for the Future, todas las plantas del grupo deberán ser Waterloop en 2030. «Que es mañana», puntualiza la directora.
El liderazgo en sostenibilidad industrial no se queda ahí. Desde 2015, un proyecto colaborativo con Somacyl permite a la planta funcionar con una biomasa que la convierte en una fábrica de energía 100% renovable, y fue también una de las primeras del grupo en alcanzar la neutralidad en emisiones de carbono. A ello se suma el programa biodiversidad con propósito, con un campo de biodiversidad propio en pleno polígono industrial que se utiliza para crear cultura entre los empleados y para conectar la sostenibilidad con la acción social.
Ese trabajo ha traspasado fronteras: la planta acaba de recibir el premio Best in Class por su gestión sostenible del agua en Expoquimia, el gran encuentro europeo de la industria química celebrado en Barcelona con cerca de 800 empresas expositoras.
«Sostenibilidad es eficiencia. No significa hacer grandes inversiones, significa optimizar tus recursos»
Preguntada por cómo se integra la sostenibilidad en una operación industrial de estas dimensiones, Inés Fernández desmonta la idea de que se trate de dos conversaciones separadas. «Sostenibilidad en realidad es eficacia, es eficiencia de los procesos. Todo parte de ahí», afirma.
El Waterloop, explica, exigió una inversión, pero llegó después de años de trabajo previo: medir, entender los procesos, optimizar lavados y limpiezas. «Una vez que estás optimizado puedes dar el paso para crear algo innovador que no existía en ninguna planta del mundo.» Desde 2005, el grupo ha reducido un 50% su consumo de agua en toda la actividad industrial.
Para la directora, la normativa europea debe leerse en clave de oportunidad y no de traba: el recurso hídrico será uno de los más restrictivos en España en los próximos años, y anticiparse no solo es responsabilidad, también es competitividad. «Muchas veces son oportunidades para bajar nuestros costes de producción, a la vez que somos responsables con lo que creo que nos corresponde a las grandes empresas y a las pequeñas.»
«Cada unidad que sale de la fábrica pasa más de 100 controles»
La cosmética es un mercado volátil y muy rápido, fuertemente condicionado por las redes sociales y por unas tendencias que cambian a gran velocidad. En ese contexto, el mayor nivel de exigencia para la planta está, según Fernández, en la capacidad de adaptación: «Responder a un mercado manteniendo tu performance y tus costes, e ir mejorando día a día.»
La innovación y las nuevas tendencias llegan centralizadas desde París, y la misión de Burgos es anticipar con cerca de un año de margen cómo ejecutar en línea los productos que aún no han llegado al mercado. Todo ello sin mover un milímetro los estándares: más de 100 controles por cada unidad fabricada, desde la recepción de materias primas hasta el producto terminado, en un sector que cada vez se aproxima más a la normativa farmacéutica.
«La tecnología es una herramienta para que las personas tomen buenas decisiones»
En una planta donde la digitalización y la automatización se abordaron hace ya años, el foco tecnológico está hoy en otro punto: conectar el mundo IT con el mundo OT mediante sistemas IoT capaces de capturar y analizar el dato para optimizar procesos y tomar mejores decisiones. «Donde antes ibas de contador en contador midiendo lo que pasaba en las utilidades, hoy está todo conectado, y eso nos hace ser rápidos en la resolución de problemas.»
Sobre la inteligencia artificial, la directora mantiene una posición sin dramatismo: «Lo vemos igual que cuando llegaron internet o los ordenadores. Es una herramienta para que las personas puedan tomar buenas decisiones.» Detrás de cada decisión, insiste, sigue habiendo personas; la tecnología solo las acompaña para que decidan mejor y antes.
«Las unidades tienen que salir, pero tienen que salir con seguridad. Eso es innegociable»
La planta busca perfiles mecánicos y electromecánicos capaces de sacar rendimiento a las máquinas y de ejecutar con rigor los protocolos de calidad, además de un número relevante de ingenieros dedicados a proyectos de mejora continua. Una demanda que la ciudad puede cubrir gracias a sus escuelas de Formación Profesional y a la Universidad de Burgos. A la formación técnica, Fernández añade actitudes: flexibilidad, agilidad, ganas de aprender, curiosidad y pensamiento crítico.
Lo que más sorprende a quienes llegan de fuera, cuenta, es la cultura de seguridad y calidad de la fábrica. «Hay que mantener muy bien nuestros básicos: las unidades tienen que salir, pero tienen que salir con seguridad. Nadie se tiene que hacer daño en nuestros procesos.» Seguridad, calidad, sostenibilidad, cero desperdicio y servicio al cliente conforman el marco cultural de la planta.
Con una rotación muy baja y una plantilla con más de 15 años de experiencia media, la fábrica afronta ahora un relevo generacional en el que la clave es la convivencia entre generaciones para transmitir esos valores de excelencia operativa a quienes llegan.
«Si la fábrica de Burgos funciona tan bien es gracias a su gente»
Cuando se le pregunta por qué una multinacional que podría operar desde cualquier punto del planeta sigue invirtiendo en Burgos, la respuesta de Inés Fernández empieza por lo evidente: «Primero, porque damos resultados. Para que algo se establezca en un sitio, tienes que dar resultados.»
Y a partir de ahí, una combinación de factores: un ecosistema industrial que permite resolver rápido los problemas del día a día, conexiones logísticas desde el centro de España que permiten exportar por puerto hasta China o Estados Unidos, y el compromiso de unos equipos con capacidad de adaptación y paz social. En el polígono de Villalonquéjar, la Asociación de Empresarios del Polígono (AEPV) aporta además servicios y proyectos compartidos; a ella se suman entidades como FAE Burgos o el propio Ayuntamiento.
Lo que más llama la atención en el resto de plantas europeas del grupo, señala, es un rasgo cultural difícil de replicar: «Ese ADN de pioneros. Nos ponen un desafío y vamos a por ello. No estamos en la queja.»
«O nos adaptamos o nos adaptamos»: los dos grandes retos de la industria
Mirando al futuro del entorno industrial, la directora identifica dos disrupciones. La primera, la tecnología y la inteligencia artificial, que llegarán a todas las fábricas del mundo como herramienta de optimización y que habrá que adoptar de forma práctica «para seguir siendo competitivos». La segunda, más de fondo: lo atractiva que resulte la industria para las nuevas generaciones.
Ahí, Fernández reclama un cambio de mentalidad al propio sector. «Los valores que tenían mis abuelos no son los que tengo yo. Las nuevas generaciones traen unos valores que no son ni mejores ni peores: son los suyos. O nos adaptamos o nos adaptamos.» La receta que aplica la planta pasa por la transparencia (explicar por qué se trabaja de noche o en fin de semana, y qué se gana con ello) y por construir sentido de pertenencia: el programa de salud y bienestar Quiérete Más, que cumple ahora diez años, y las redes informales que generan el club de pádel, el de running o el de bici.
«Cuando sales fuera, la gente no sabe que en Burgos hay una fábrica de L’Oréal»
Una de las constantes de esta serie de entrevistas vuelve a aparecer: el ecosistema industrial burgalés está infravalorado fuera de la provincia. La directora lo comprobó en Expoquimia, donde tuvo que presentar la planta en una ponencia: «No eres consciente de que, cuando sales de aquí, la gente no conoce que en Burgos hay una fábrica de L’Oréal que exporta a todo el mundo.» En esa misma cita, una empresa cosmética de Almería le trasladaba justo lo contrario de lo que ella vive a diario: no tener alrededor proveedores capaces de darles solución.
Su argumentario para quien esté valorando invertir en Burgos es concreto: un ecosistema de proveedores muy arraigado y con experiencia, asociaciones transversales que facilitan la operativa, una localización privilegiada en el centro de España para la logística, un pool de talento sostenido por la universidad y la FP, y una ciudad cómoda, sin atascos y con oferta cultural. Ella misma llegó de fuera (es segoviana) y resume así lo que ha visto con los profesionales expatriados que ha recibido la planta: «La gente viene, quizá no sabe dónde es, pero luego no se quiere ir.»
Sigue conociendo el corazón industrial de Burgos
Esta conversación con L’Oréal forma parte de Burgos Corazón Industrial, la serie de entrevistas con la que damos voz a quienes lideran el tejido productivo de la provincia. Si quieres seguir descubriendo por qué Burgos es un ecosistema de referencia para desarrollar industria e invertir, te invitamos a leer las anteriores entregas del mismo formato:
- Andrés Hernando, CEO de Hiperbaric
- Ricardo García, directivo de Benteler
- Cristina Blanco, CEO de Antolín
- Raúl Melgosa, CEO de Komtes
- Nacho San Millán, presidente de FAE Burgos
- Mario Pampliega, director de planta de Gonvarri
- José María Vela, apoderado del ITCL
- José Juan Martínez, CEO de Molifibra
¿Quieres escuchar a Inés Fernández en primera persona? Encuentra la entrevista completa en vídeo en nuestro canal de YouTube y descubre cómo una multinacional líder mundial sostiene, día a día, una de sus fábricas de referencia desde Burgos.