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Hiperbaric: el líder mundial en tecnología de altas presiones nació y sigue en Burgos

Andrés Hernando, CEO y fundador de la compañía burgalesa, desvela las claves de un éxito que copa el 65% del mercado global y prevé crecer casi un 40% en 2026.

Desde un pequeño taller de calderería de Burgos hasta liderar el 65% del mercado mundial. Esa es, en síntesis, la trayectoria de Hiperbaric, la compañía burgalesa especializada en el diseño, fabricación y comercialización de maquinaria industrial basada en tecnología de altas presiones. Su fundador y CEO, Andrés Hernando, abrió el nuevo espacio Burgos Corazón Industria en el Forum Evolución Burgos con una conversación que va mucho más allá de las cifras: ecosistema, propósito y el talento de una región como motor de competitividad global.

Te dejamos a continuación la entrevista completa en vídeo:

«Somos líderes porque vamos por delante de todos. El mercado no es tonto.»

La historia de Hiperbaric arranca en 1999 con un encargo muy concretoCampofrío, empresa burgalesa de referencia en el sector cárnico, necesitaba garantizar la seguridad de sus productos en el mercado internacional, y la única tecnología capaz de lograrlo sin comprometer las propiedades organolépticas era la alta presión. «En esa época la tecnología existía a nivel de laboratorio, pero no había máquinas industriales adaptadas al mundo de la alimentación», explica Hernando. Hiperbaric asumió el reto y no soltó el testigo.

Hoy, con más de 700 equipos instalados en el mundo, la compañía mantiene su liderazgo a base de inversión sostenida en investigación y desarrollo. El porcentaje de plantilla dedicada a I+D —superior al 25%— no es un dato accesorio: es la columna vertebral de su ventaja competitiva. «Si estamos aquí es porque vamos por delante de todos. Hay que seguir estando muy por delante, y eso se consigue con un equipo potente e invirtiendo», subraya el fundador.

«La alta presión permite producir alimentos sanos y naturales sin recurrir a ultraprocesados.»

¿Por qué se ha convertido la tecnología de altas presiones —conocida también como pasteurización en frío o HPP, de sus siglas en inglés High Pressure Processing— en una solución clave para la industria alimentaria global? Hernando lo tiene claro: los hábitos de consumo están cambiando en las sociedades de clase media. «Cada vez se valora más la buena alimentación, pero ya no tenemos tiempo de hacer una alimentación tradicional ni contamos con servicio doméstico que la prepare», reflexiona. La alta presión ofrece una respuesta: permite conservar alimentos frescos, seguros y sin aditivos, con una vida útil suficiente para la distribución moderna.

«En China los precios de la competencia son un tercio de los nuestros. Y seguimos liderando el mercado allí.»

La prueba de fuego de la tecnología de Hiperbaric llega de Asia. China representa hoy uno de los mercados de mayor crecimiento para la compañía, impulsado por una clase media emergente con nuevas demandas alimentarias. El desafío es mayúsculo: los fabricantes chinos ofrecen máquinas equivalentes a un tercio del precio de las burgalesas. Pese a ello, Hiperbaric mantiene su posición de liderazgo. «Para seguir estando muy por delante hace falta gente que le gusta lo que hace», sentencia Hernando. Un equipo comprometido que, por cierto, rechaza sistemáticamente el traslado a oficinas en destinos tan atractivos como Sydney o Melbourne: «Yo lo veo como una demostración de que la gente está a gusto donde está. Tienen su familia, su jardín, y eso les ancla al territorio y a nosotros.»

«Diversificamos sobre nuestra fortaleza tecnológica, no sobre el mercado en el que estábamos cómodos.»

Uno de los movimientos estratégicos más relevantes de la compañía ha sido su apuesta por la diversificación. Y la decisión fue deliberada: mientras la mayoría de las empresas industriales amplían su catálogo dentro del mismo sector —»si haces salchichas, mañana haces pizzas»—, Hiperbaric optó por llevar su expertise en altas presiones a otros dominios. El primero y más exigente: la consolidación de piezas cerámicas y metálicas mediante alta presión y alta temperatura, un mercado en el que tardaron diez años en vender la primera máquina. El segundo, y de adopción mucho más rápida: la compresión de hidrógeno, un mercado que estaba «ávido» de esa solución tecnológica. «Entrar en un mercado nuevo cuesta, es un trabajo complicado, aunque tengas un buen producto. El boca a boca es fundamental», advierte Hernando con la honestidad de quien ha vivido esa dificultad en primera persona.

«Burgos es un ecosistema pequeño donde es fácil encontrar la persona clave para arrancar un proyecto.»

La decisión de permanecer en Burgos durante 27 años no es sentimental: es estratégica. Hernando lo describe como una ventaja de ecosistema. La historia lo avala: Hiperbaric nació de la confluencia entre la demanda de Campofrío y la capacidad tecnológica del Grupo Nicolás Correa. Empresas como Ubisa —fabricante de cablecillo técnico con matriz en Bélgica— abrieron puertas que a una empresa desconocida le habría costado años lograr. «No es lo mismo llamar a Bélgica a puerta fría, que ir acompañado por un director de ingeniería de Burgos y decir: ‘¿cuál es el mejor alambre que podéis fabricar para esto?'»

A eso se suma el capital humano. Las provincias de Castilla y León encabezan los rankings del informe PISA en matemáticas y comprensión lectora. La Universidad de Burgos, con cerca de 8.000 alumnos, nutre de perfiles técnicos a un tejido industrial que permite la movilidad interna del talento: cuando un ingeniero formado en Hiperbaric se incorpora a otra empresa del entorno, enriquece todo el ecosistema. «Que la gente rote hace que el ecosistema crezca», subraya Hernando.

«No creamos la empresa para ganar dinero. Creamos la empresa con un propósito, y ese propósito nos permite ser rentables.»

Frente a la España vaciada y la fuga de talento al exterior, el propósito declarado de Hiperbaric es ser una empresa referente en la creación de oportunidades de desarrollo personal y profesional para todas las personas de sus grupos de interés. Hernando sitúa este planteamiento —que hoy la ONU encauza a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible— en el origen mismo de la compañía: «Cuando fundamos la empresa ya se empezaba a hablar de la España vaciada. Decidimos crear la empresa para dar oportunidades de desarrollo a las personas, y eso lo hemos defendido con sangre.»

«Este año pensamos crecer casi un 40%. Es una locura, una crisis de crecimiento.»

El futuro inmediato de Hiperbaric apunta a un crecimiento de casi el 40% en 2026. «Les digo a mis consejeros que estamos en crisis, en crisis de crecimiento», bromea Hernando con evidente satisfacción. La compañía trabaja en paralelo en nuevas líneas de negocio —»un par de ideas rompedoras» cuyo destino aún es incierto— y espera que las tres divisiones actuales (alimentación, consolidación de materiales e hidrógeno) sigan escalando. La filosofía que guía el proceso es la de los corredores de fondo: «Hay que ser corredor de maratón. Avanzar y desarrollar poco a poco.»

En definitiva, Hiperbaric es hoy mucho más que una empresa de máquinas. Es la demostración de que desde una ciudad media del interior de España —con el talento adecuado, el ecosistema correcto y un propósito genuino— se puede liderar tecnológicamente el mundo.